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viernes, 12 de febrero de 2010

AVES EN LA MITILOGÍA GUARANÍ. Autor TOMÁS L. MICÓ / Texto: PALOMA, BENDITO SEA, MBOI TUI (SERPIENTE LORO)

AVES EN LA MITILOGÍA GUARANÍ
Autor
TOMÁS L. MICÓ
(Enlace a datos biográficos y obras
en la GALERÍA DE LETRAS del
www.portalguarani.com )
Instituto Paraguayo de Ciencia del Hombre y
Editorial Servilibro.
Diseño de tapa:
ANY UGHELLI.
Asunción-Paraguay 2001 – 50 páginas
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ÍNDICE
Presentación

· Paloma // Bendito sea // Kavure'í // Fue un loro // Mboi tuí // Hornero // Martin pescador // Loros sembradores // Tucánn // Pitogué // Lechuza // Pájaro campana // Korochiré // Yacy yateré // Taguató // Ñandú // Pato // Aves sobre una casa
Biblíografía
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PRESENTACIÓN
** La mitología guaraní es de bella sincronía poética, amenizada con destellos de insinuante realidad, a tal punto que, a partir de un hecho real, se convierte en figura potencial de concursantes fábulas en el vasto campo de las arenas literarias del nuevo mundo, donde no todo se ha descubierto aún, razón que contribuye a hurgar en las profundidades del decir popular y de la idiosincrasia tan notablemente nuestra y superviviente, a pesar de los siglos transcurridos en la línea paralela al correr de la vida real.
** Aquel lejano y oscuro mundo de nuestros primeros habitantes, se va tornando claro y comprensible al escalonarse los siglos sobre la gramilla esmeralda y fresca de las ligeras experiencias hacia un mundo cada vez más nuevo, con reflejos de la aparición del hombre y de la vida en nuestro continente desconocido, que, al hacerse el sol sobre él, se le ha dado nombre y registro como América, cuya denominación anterior nos hubiera gustado conocer. Estos insertos temas que se columpian en estas páginas de juventud, harán la acrobacia de un mundo que, asido al interés de amenizar la vida y las realizaciones, dan, cual ingredientes de una masa nueva, el sabor y la existencia de unas concepciones hilvanadas al compás de los sueños de la antigua tierra sin mal que se niega a integrarse a los males del siglo, con sus costosas costumbres de inventos tangibles y modernos, no siempre capaces de darnos amenidad ni atrevimiento de encausar nuevos rumbos en la senda del peregrinar que es la vida a la par del convivir civilizador que es la familia y la comunidad.
** El mundo del misterio de tiempos y lugares se hace fácil sobre marcados sucesos de antiquísima data, quizá, anteriores a toda cultura, como la época anterior al fuego, llamada Era Paleolítica, donde recordamos a Kabur Primigenio, héroe cultural guaraní; sobreviniendo después la aparición del fuego, que dicen decires, haberlo traído Tumé a quien le vale aquello de inteligente, tanto que en los engramas guaraní figura oficialmente como Tumé arandú. Pues bien, partiendo de esa data precalendaria lejana y aún oscura, venimos a agregar algunos elementos literables de personajes de acción y verba -hechos y palabras- que desde la anécdota pasan a la protohistoria de nuestros andamios y cronologías al sólo efecto de superponer los sucesos en un breve y constructivo escenario donde puedan desfilar todos ellos, mostrando sus peculiaridades en un estilo de ser y de vivir que, alejado de toda barbarie, como corresponde a monstruos, estos seres -no diría habitantes, sino más bien ambulantes de una proximidad geológica a la tierra- en eso que llamamos aire, bajo la tenue capa de la atmósfera, donde cada uno tenga el leve oxígeno necesario para llegar a ser un convivencial vecino de nuestro mundo de las estadísticas y de las confrontaciones, no siempre edificantes y provechosas.
** Podemos ver en esta reseña, como si fuéramos logrando en excavaciones de capas subsolares evidencias, rastros, restos arqueológicos de una presencia más que interesante, que da color y propiedades a cada estrato y escama de la tierra, de donde extraemos y aún entresacamos muestras de aquellas primitivas modelaciones casuísticas del mínimo necesario pensamiento para el desarrollo de la vida tribal. No todo, ni es bastante, reunir, escuchar, extraer y recopilar, sino también seleccionar los puntos de vista y versiones más probables que, con licencia del lector, diríamos edificantes o viables, como el tránsito lento y pesado de la oscuridad de los tiempos a la era de las cavernas y de la aparición del fuego, que fue también la aparición de la luz, que por ser de marcada importancia en investigación, tanto real como mitológica, nos podrá deparar momentos de angustia al no saber, no poder ubicar quien tuvo la idea, halló la fórmula de producir la primera chispa que dio origen a tan importante uso en las antiguas comunidades.
** Este largo catálogo de preguntas que la ciencia trata de responder con afán pedagógico definitivo, entretanto sea sombra y angustia de saber, lo toma la mitología que en alto grado es intuición para consolar el cromañonense, que, en nuestro caso concreto, viene a ser el homo paranaense, apareciendo con su primer manojo de posibles respuestas útiles. Esta es, claro, la función fundamental de la mitología, que está más allá, en el verdadero decir del complejo plus ultra de palabras que separa con vallas de cristal campos de folklore -que es nuevo- y mitología que es amalgama de primigenios y primordiales del ser y del saber ante cada una de las escasas necesidades apremiantes de la vida del pitecantropus de nuestra tierra que -según creo- debió llamarse pire-cantropus, por lo de piré vaí.... Esa angustia de saber cómo se logró descubrir el fuego, para la ciencia, es una tarea que escapa aún a la eficiencia del Carbono 14, y para el mitoligüístico saber es fácil hallar respuesta clara en el fonema ta-tá, que significa golpe de piedra, choque, chispa de pedernal; por donde ta-tá es hoy indiscutiblemente fuego, la versión oficial y desde luego, auténtica del arandú nacional en pleno siglo veintiuno.
** Visto cuán importante y apasionante es la mitología, nos proponemos en homenaje a nuestros jóvenes estudiantes y vigentes contemporáneos aranducentes tratar en nuevos ensayos monográficos, porque la mitología guaraní tiene rica veta y exquisito campo de elucubración, traer a la vista nuevos temas a considerar en la edificante y noble arquitectura de una mitología ñandeva, capaz de dar satisfacción a todo interrogante y proponer un futuro más esquemático y sinóptico de la mitología sílvida, superior o alada, donde ya aves se convierten en hombres y estos en estrellas en la aproximación guaraní-tupí ñeengatuva de una ciencia a compendiar con apuntes numerales de substancial contenido y ultrasónico significado, puesto que de los fonemas compuestos pasamos a las palabras y ellas mediante a las imágenes o ideas.
** Nos falta agregar a estos ya logrados varios tomos y considerandos, y a la cosmogonía guaraní, una serie de aportaciones que no deben demorarse para clausurar el saber participativo con la más reciente aparición de la mitología verdaderamente fabularia, como va siendo la política, que en cuanto a litis, es pleitograma y en cuanto a lío, es de la edad de piedra sin variantes por razones de clima o de espacio.
** Allí donde haya un par de oídos que satisfacer, habrá una temática de peso específico que desarrollar en la extracción constante de un antiquísimo decir vernáculo de las cosas bien cantadas para bien del saber escuchar y del saber cotejar de toda la animación vital de la ultralontana sapiencia autóctona que compartimos y ayudamos a promover.
** Vengan pues tiempos y hombres nuevos y haya espacio donde conversar en verso, tanto como en prosa, libre de toda aridez y vulgaridad.
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PALOMA
SEGUNDA ÉPOCA: EL DILUVIO
** Una de las primeras figuras interesantes de la mitología guaraní es la paloma, llamada también YERUTÍ, torcaza, en el vasto entorno de este idioma, que comprende cuatro países que comparten el bello hablar nativo. En algún momento de la antigüedad, desagradó al dios guaraní TUPÁ MARANGATÚ alguna soberbia, irreverencia o falta de solidaridad en las tribus primigenias y quiso limpiar la tierra con una tremenda e inmensa caída de agua, como lavándola, para después volver a hacerla andar como cuna de la humanidad. Pero antes, a manera de aviso, advertencia o con el deseo de salvar a los que lo hubieren merecido, envió junto a Tumé Arandú, uno de los primeros héroes culturales de la tierra sin mal, a dar aviso a los rescatables de tan grande tragedia, a la paloma, anunciándolo.
** La paloma, simpática ave que arrullaba con el sonido del hablar nativo, voló al encuentro de Tumé y le dijo: ¡Oú!, ¡Oú!, ¡Oú!, que en traslación mitotemática significa: ¡Viene!; era el aviso. ¿Y qué venía?, el diluvio. Tumé ordenó a su gente que se subiera a palmeras y cocoteros, recogieran frutos, tejieran bolsos y hamacas y se dispusieran a alimentarse en este medio mientras durara el diluvio, produciendo tal inundación, que todas las tribus recuerdan, incluso en la circunferencia de la tierra, como lo más grande y penoso que se había visto y lamentado.
** Pero como en todo mal hay una lección que recoger, los guaraníes aprovecharon para aprender algunas cosas útiles y necesarias, como tejer, para vivir en lo alto, mientras durara tan tremendo meteoro; reunir frutos y descubrir otros alimentos, como fueron el coco y los brotes tiernos de la palma, llamados palmito, de extendidos usos en la cocina moderna.
** Tumé enseñó que había un ser superior llamado Tupá, a quien debíase respeto y amor y a quien se podía pedir extremos favores. Fue así que mientras las aguas seguían subiendo, oraban todos pidiendo algún favor especial; de allí que palmas y cocoteros continuaron creciendo hasta sobresalir con su carga humana sobre el nivel de aquella inundación.
** Aún se escucha como lejano eco, ese salvador ¡oú!, ¡oú!, de la paloma.
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BENDITO SEA
** Terminado el diluvio, con la salida del sol volvió a cobrar vida la extensa comarca Tupí-guaraní; y vecinas tribus que manejaban el mismo idioma. Conmovido Tumé, que oficiaba de mediador entre Tupá y los hombres, por el inmenso favor que significaba el final de tamaña inundación, encargó a una graciosa avecilla que recorriera toda la extensión poblada por guaraní hablantes, desde el Amazonas, que significa -en mitología- amasoró (igual a tempestad rota y Paraná, pariente del mar por unirse a él), que fuera enseñando a agradecer al supremo Tupá, cantando en las mañanas y al atardecer una oración de dichosa gratitud entonando invariablemente estas dulces sílabas: ¡Bendito sea!, ¡Bendito sea!...
** ¡Cuántas cosas pueden enseñar las aves a quien sabe escuchar!. Tan bonito cantar inspiró a un exitoso músico de esta bella Mesopotamia, Gregorio Cabrera, a componer una celebrada página para orquesta, donde resalta el violín con estos armoniosos sonidos: Bendito sea. Un poco más al sur, en Corrientes, la misma avecilla entona con afirmación esta frase, como recalcándola, de este modo: ¡Bendito sea, séa!, y la repite y repite, como enseñando a no olvidarla, y lo hace en si bemol mayor. En ocasiones, se deja escuchar una repetición categórica, como subrayándola graciosamente así: ¡Bendito sea, ché.... ! y le queda bien. Es así como el buen cantar ayuda a honrar al Señor.
** Esta avecilla tiene la particularidad, que todos pueden comprobar, de contestar la invitación cuando alguien, silbando, la imita. Quieta y tranquila desde la misma rama responderá su cantar: ¡Bendito sea!, una y otra vez, especialmente al reanimar la tierra el sol y al despedirlo con la espectacularidad del atardecer, que son los momentos universalmente propicios para tan piadosa gratitud.
** Hagamos en estas horas señaladas, esta interesante y ornitológica prueba que une a la tierra, el ave y al hombre en tan amable melodía, sin olvidar que melodía viene precisamente de sabor a miel, de allí arranca la acción humana de melifluo cantar.
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MBOI TUI (SERPIENTE LORO)
** En época cercana al principio de los tiempos -minutos más, minutos menos- existió en la tierra encantada de los guaraní, la tierra sin mal, tierra y tiempo que hemos perdido, un loro de vistosa pinta, muy hablador y, a veces, tercamente silencioso, que observaba todo lo que pasaba en esa tava o comunidad nativa, paseándose en ir y venir en la rama que le fue asignada por Rupavé, padre primigenio de la tribu ancestral que vivía feliz y tranquila de lo que la rica y generosa selva y campiña daba para el sustento, sin que faltara nada, lográndose también alguna caza y pesca, sin descontar peces de sus abundantes ríos.
** Tanta bondad de la tierra y tanto bienestar del pueblo, ocasionó la curiosidad de lejanas tribus y quisieron saber el origen de ese bienestar; así que se acercaron y se pusieron a explorar, buscando esa verdad.
** Pero no pudieron saberlo todo enseguida, porque selvas y bosquecillos guardaban caminos secretos conocidos sólo por lugareños, que habían sido aleccionados por Rupavé, de que no permitieran la entrada a toda gente curiosa, andariega, o guatapora; simples caminantes de la tierra, porque la presencia de gente extraña constituía un serio peligro a la estabilidad o vida equitativa de la comunidad agrícola-cazadora guaraní. Pero como curiosos y andariegos abundan, transan y transitan; descubrieron la ubicación del goloso loro y dándole miel fermentada, llamada eira lechiguana, en peligrosa cantidad, consiguieron emborracharlo, poniéndose este loro a hablar sin medida ni prudencia de todo lo que sabía, descubriendo así la entrada secreta a la tierra sin mal, diciendo fuertemente: ¡Por aquí!, ¡por aquí!, por donde los invasores pudieron colarse quedándole al loro el nombre de Paracáu; regresado Rupavé de sus largas correrías con sus frutos y caza a cuestas, advirtió que extraños habían entrado a la protegida tierra sin mal, halló al loro todavía en medio de vapores de libación, guaripólicamente... y comprendiendo que éste fue el causante de tal intromisión extraña, lo maldijo, convirtiéndolo en un loro de alas atrofiadas, con un largo cuerpo de serpiente enroscada a la rama, pero conservando tan sólo el pico de loro, imagen que se puede ver en una roca de Tovatí, recordando el caso tallado en roca viva perennemente .
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