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lunes, 8 de marzo de 2010

PREHISTORIA Y PROTOHISTORIA DE LOS PAISES GUARANIES. Autor: MOISÉS BERTONI / Versión digital: BIBLIOTECA VIRTUAL DEL PARAGUAY.


PREHISTORIA Y
PROTOHISTORIA
DE LOS PAISES GUARANIES
Asunción: EDICIÓN A CARGO
DE JUAN E O´LEARY, 1914. 180 pp.
(Enlace a datos biográficos y obras
en la GALERÍA DE LETRAS del
Versión digital:
.
Resumen de
PREHISTORIA Y PROTOHISTORIA
DE LOS
PAISES GUARANÍES

.
CONTENIDOS E HIPERVINCULOS
PROLOGO - Por IGNACIO A. PANE
CONFERENCIAS DEL DR. MOISÉS S. BERTONI (1913)
Colegio Nacional de Segunda Enseñanza de la Asunción los días 26 de Julio, 8 y 21 de Agosto de 1913.

PRIMERA CONFERENCIA -
SEGUNDA CONFERENCIA -
TERCERA CONFERENCIA -
HOMENAJE AL DR. BERTONI -
APENDICES
I - Una Explicación Necesaria – Las Inscripciones.
II - La Tradición.
III - Las ideas de Florentino Ameghino.
IV - ¿Pueden ser los mongoles originarios de América?
V - La Acusación De antropofagia carece de fundamento y valor.
VI- Objeciones a la «Arquinesia».
VII - objeciones a mi tesis sobre la existencia de la Atlántida.
VIII - la «Arquinesia» no ha sido puente, sino cuna.
IX - El lado psicológico.
.
PRÓLOGO
Sin ser autoridad, ni reunir otros títulos para ello, y sólo por la amistosa deferencia del editor, nuestro renombrado historiador Juan E. O’Leary, me toca el insigne honor de aparecer como prologuista de las Conferencias sobre Pre y Protohistoria del Paraguay, dadas por el Dr. Moisés S. Bertoni en el Colegio Nacional, a iniciativa del Director, el mismo Sr. O’Leary, y cuya versión taquigráfica se publica en este volúmen.
El Dr. Bertoni no necesita una presentación de mi parte ni de ningún paraguayo; su fama bien cimentada en largos años de labor científica y práctica, y de sobra difundida en el mundo intelectual extranjero, le eximía de tal necesidad.
Sin embargo, como en estas Conferencias se aborda una cuestión que se ha debatido aquí mismo, la de la idiosincrasia nacional, y en su discusión han participado las primeras cabezas del país, entre ellas, con brillantez prominente, el nombrado O’Leary, se imponía al publicarse como se publican hoy, por primera vez, el comentario de un paraguayo, por ligero que fuese.
Es lo que intento hacer en las siguientes líneas, no con el bagaje mental y el prestigio literario que se merece el conferencista, pero en cambio, con el sentimiento de la curiosidad científica altamente satisfecha y, más que nada, del amor patrio inmensamente halagado; porque esta producción del Dr. Bertoni, destinada a ser el vade mencum de todo futuro pensador o publicista nacional, tendrá que colmar por fuerza la medida de la estimación y la gratitud que ya por muchos conceptos le debía el Paraguay, Y ya que se trata de justicia y recompensa, por lo menos moral, sea ofrecido también un público testimonio de agradecimiento al mencionado autor de nuestra mejor historia de la guerra de 1864-70, O’Leary, por haber contribuido eficazmente, primero, a la iniciación y exposición oral de estas Conferencias y ahora a su edición.
El estudio y difusión de esta obra constituirá, sin duda alguna, una verdadera labor de patriotismo para la intelectualidad paraguaya.
La acción de la calumnia, de la difamación, ha sido y es aún muy grande contra el Paraguay pasado y actual.
Si un distinguido chileno me decía que el célebre geógrafo Reclús no vale nada porque había errado respecto a ciertos accidentes orográficos, metros más metros menos, de Chile, y que esta República supera a las de Sud América en bibliografía histórica porque Barros Arana la ha dotado de la historia más voluminosa que se haya escrito en las letras sudamericanas, ¿qué diremos los paraguayos cuando frente a los difamadores como el ingrato Bermejo, como los grandes sociólogos Westermack, Engels y otros, cuyas patrañas o inocentadas he señalado antes de ahora, y como ese Sr. N. Lamarca, de la Argentina, que acaba de despotricar a su antojo en una colección de monografías de verdaderos sabios sobre la historia universal de los tiempos modernos, nos encontramos también en presencia de autoridades científicas como el Dr. Bertoni, que ponen en juego un inmenso caudal enciclopédico, sustentado en el más riguroso positivismo de que pueda jactarse el saber contemporáneo, en vindicación del Paraguay típico o característico, grosera y malignamente difamado?
Si creer injustamente conduce a obrar injustamente, según Manzoni, el insigne literato italiano, si la voz pópuli: no es voz de Dios, sino más bien del diablo, por las murmuraciones y errores en que se nutre, según lo observara ya el padre Feijoó, toda la falsa opinión que se ha forjado alrededor del Paraguay representa para este pobre país un daño tan grande que es completo y así comparable solo con la pasión de Cristo, pues efectivamente a este pueblo mártir no sólo lo crucificaron, sino que ya en la cruz, también le han difamado, le han escupido, le han escarnecido.
Por esto, las vindicaciones como la que hace el Dr. Bertoni, en nombre de la ciencia, revisten el mismo significado de grandeza que aquellas titánicas defensas que Tertuliano y Orígenes con la sola arma de la Verdad y la Razón hicieron del Evangelio, víctima de la difamación, y de la consiguiente persecución material... consiguiente digo porque creer injustamente conduce a obrar injustamente.
Cabe decir de las tres Conferencias de este volumen que constituyen la síntesis científica y bella de cuanto se ha dicho de bueno, hasta hoy, del Paraguay indígena.
Aunque no pueda opinar categóricamente con acierto sobre la Geología y Antropología étnica desarrolladas por el doctor Bertoni, puedo, al menos, suponer que no andará muy errado, en vista de la gran exactitud con que trata los demás variadísimos ramos del saber humano. Especialmente, desde que leí la crítica de N. Calajanni respecto a Lapouge, Hanmon y otros antropólogos, andando con más dudas que Descartes, demasiado aprecio la mesura que aplica el Dr. Bertoni.
Tocante a esas otras ramas científicas, el Dr. Bertoni efectúa un despliegue soberbio, brillante, que no podrá amenguar cualquier aprendiz de Universidad ni cualquier publicista poco leído.
El Dr. Bertoni prueba el especial desarrollo cerebral guaraní no solamente con los datos craneanos. Ya sabemos que lo anatómico no es causa, sino condición, pese al rudo materialismo; y aún como condición dista mucho de estar bien determinado para el paralelismo psico-físico. Lo sabemos por verdaderos fracasos de sabios como Lombroso: citaré una vez más como ejemplo el tipo judío, descrito como criminal nato en la humanidad, por Lombroso, según la demostración de Tarde.
Prueba también ese desarrollo cerebral guaraní con todos los demás datos congruentes de la Filología y la Etiología.
Pone a contribución lo hasta hoy indudable de las localizaciones cerebrales. El desarrollo de la parte anterior craneana que él señala, coincide con el más comprobado centro psico-fisiológico: el de Broca. De ahí la concordancia con las observaciones de etnólogos e historiadores sobre la memoria, la imaginación, el espíritu de observación y la lengua, principalmente la lengua, de los guaraníes. Todo pueblo salvaje tiene muy desarrollada la memoria y muy cultivados los sentidos; pero el guaraní se ha elevado sobre el automatismo de la memoria y la razón, contra el cual reaccionara la moderna pedagogía, por su predominio en la educación europea. Y esto es indispensable admitir cuando no hay más remedio que aceptar hasta nueva orden lo que nos enseña el doctor Bertoni sobre la lógica racional del guaraní en observación y clasificación natural botánica y zoológica, superior hasta a la de sabios de Europa anteriores a Linneo y Jussieu.
El padre Cardiel, resucitado por el padre jesuita Hernández en su Declaración de la Verdad que él dice haber observado en las Misiones del Paraguay, afirma que los guaraníes eran admirables calígrafos y ejecutantes musicales de tanto valer que oyera, gracias a ellos, orquestas como en las mejores catedrales europeas. Téngase presente que el padre Cardiel deprime en cuanto le cabe al guaraní (1).
Y así como este autor, interesado en contra, según atinada y razonablemente lo explica el Dr. Bertoni al tratar de las descripciones jesuíticas, hablan los historiadores y los observadores de hoy en referencia a la memoria y sentidos del guaraní.
Se ocupa después, el Dr. Bertoni, del concepto de civilización. Y parece haber seguido para ello cursos de Sociología, con Sales y Ferré, con Giddings, con Stuckemberg y otros grandes sociólogos.
Habla del arte, y para explicar la ausencia de arquitectura y otras bellas artes, se funda en la teoría del juego, en Spencer, que en estética es rebatido por algunos, últimamente en la Argentina por R. Senet, pero que con la defensa de su verdad y de campeones como Vaz Ferreira, aquí en el Plata mismo, sigue en pie. Claro está que el Dr. Bertoni no hace alardes de erudición; pero su pensamiento es ese (2).
Entra con toda seguridad en el campo de la Psicología etnológica, erizado de dificultades casi invencibles a juicio de Spencer, en su Datos para la Sociología. Y nos presenta al guaraní con sus conocimientos astronómicos no inferiores al del vulgo europeo, hasta el siglo XVIII, en concordancia con la más alta explicación primitiva de lo visible y de lo invisible analizada por el gran genio inglés; por el contrario, resulta superior nuestro indígena a tanto europeo que ignora su edad. Lo describe en sus ideas religiosas, con la concepción superior de un Dios impersonal, de espíritu puro, como habiendo entrado en el periodo metafísico de la comptiana Filosofía de la Historia. Y como todo está encadenado en la naturaleza, y dentro de la naturaleza en el microcosmos individual y social del hombre, muestra en la religión guaina la suavidad, el principio del espiritualismo, bien distante del grosero culto sensualista de los fenicios, los aztecas, los asirios y tantos otros pueblos conocidos como civilizados. Lo pinta, en fin, en sus ideas y sentimientos de dignidad personal y de moral superior, clave de una democracia política y de un comunismo económico que realizados ya por él en la historia de la Humanidad, no han sido siquiera bien soñados por los ácratas del socialismo actual. Vale bien la pena recalcar a nuestros jóvenes ese concepto guaraní de la dignidad personal que sin oponerse a la más alta moral cristiana, no parece sino haberse encuadrado en la enseñanza de los más grandes sociólogos del día (3).
Bien lejos nos hallamos con esta descripción del Dr. Bertoni, del sumidero de errores sobre la supuesta raza guaraní sumisa, imbécil, cretina, que no sabe más que aguantar tiranías de jesuitas y de dictadores.
No; el pueblo paraguayo, que a mucha honra puede llamarse desde hoy pueblo guaraní ante el mundo científico, no es ni ha sido más tiranizable que Francia bajo Napoleón I, Inglaterra bajo los Tudor y los Cromwell, o Alemania bajo el cesarismo militar del Kaiser, para no traer a cuento sino comparaciones de actualidad.
Quede para los literatos (4) y para los jesuitas la leyenda ingenua de que las buenas cualidades, hasta el heroísmo en la guerra con la Triple Alianza, se deben a la educación de las reducciones o misiones.
Respeto a la Compañía de Jesús, en su disciplina y abnegación, por su ideal público, como por lo mismo respeto a la Masonería, con sus ceremonias y secretos ridículos por lo anacrónicos. Pero es fuerza no confundir la tolerancia con la comunión con ruedas de molino.
El padre Hernández, que me hizo el honor de citarme como noticiero de la muerte del Dr. Garay, al refutar a este ilustre historiógrafo paraguayo, ha estado en lo justo defendiendo a su orden religiosa de la calumnia y exhumando al efecto el libelo del Padre Cardiel. Pero, en realidad en «La Declaración de la Verdad» de este testigo ocular e interesado de las Misiones paraguayas, se exhiben en toda su crudeza y a pesar de todo la verdad de lo que era el guaraní y también la telaraña de errores que le envuelve con red secular, por obra de la misma Compañía.
Aquel buen jesuita las emprende contra Angles y Gortari y contra Blas Garay, arremetiendo contra la verdad de lo que era el guaraní, descubierto por el mismo. Y contra lo que nos enseña el Dr. Bertoni, parte de la leyenda del caribe sinónimo de caníbal, antropófago. Felizmente en las Conferencias de este volumen se explica tal mistificación, hasta con la cita de Washington Irving, autoridad reconocida.
El padre Cardiel atribuye al guaraní, defectos; pero estos mismos defectos son elogios. Ya anteriormente quedó indicada la importancia de la habilidad en la ejecución musical, la copia manuscrita de libros impresos; aquí sólo haremos notar un dato, nada más, por la brevedad del espacio disponible: «No sólo respeta el indio a los sacerdotes, sino también a cualquiera seglar que se porte cristianamente: cada día lo estamos viendo. Pasa un caminante por algún pueblo: ven que entra en la Iglesia a oír misa y a la tarde al rosario, no le ven en lozanías, impurezas o lujurias con las indias, cosa que aprecian ellos sumamente; y lo ven en pocos; venle devoto y casto: luego dicen caraí marangatú [1], el español virtuoso: corre la voz y todos lo respetan, aunque sea un pobre jornalero, y aún le traen presentes. Viene el otro lujurioso (que casi todos lo son)... Luego los indios lo desprecian; no hacen caso de lo que manda, aunque esté vestido de seda y de galones... Portáos bien... y veréis como los indios os respetan y os veneran».
Ved ahí cómo el jesuita que calumnia en todo lo que puede al guaraní, da la razón al Dr. Bertoni, cuando este explica cómo los conquistadores explotaron, esclavizaron y hasta aniquilaron a las mejores tribus guaraníes, precisamente por ser más civilizadas y aptas para la civilización europea.
Así es también, cómo debemos creer más al antropólogo y al etnólogo de visú como Bertoni, cuando nos presenta el comunismo económico en la idiosincrasia guaraní, no en la accidental organización jesuítica.
Lo que no está en la sangre, en la médula, o en los tuétanos, como se dice, no se muestra por accidente. ¿Por qué, si no, la compañía de Loyola no asombró en todas partes con misiones iguales a las del Paraguay? ¿Porqué estas se han hecho tan célebres y llamaron hasta la atención de los descreídos como Voltaire?... Era porque el guaraní tenía la virtud a propósito, el terreno preparado, la idiosincrasia hecha.
El Dr. Bertoni nos pinta la democracia política del guaraní, y evoca con ella a Tácito describiendo a los germanos... Nadie sienta extrañeza, entonces, al observar el espíritu igualitario que preside en los gobiernos de Francia y de los López. Sirviéronles la Revolución francesa de escudo y la pasta guaraní de propicio medio e instrumento.
Agreguemos a todo lo expuesto el meollo y la novedad principales.
Todo aquello ha sido discutido y será discutible aún.
Lo que no se ha discutido todavía y el Dr. Bertoni sostiene y podrá aún más gallardamente sostener, si se le discute, es algo mejor para el guaraní.
No solamente el guaraní era una raza: ERA UNA CIVILIZACIÓN. En Sudamérica no era tan brillante como la incásica, pero sí más profunda y más extensa.
Sabida es la admiración despertada por las vías de comunicación del Perú precolombino. Hasta se le atribuye el Puente del Inca. Pero las guaraníes no eran menos seguras y eran más vastas. Esa graminácea de que habla Bertoni a este propósito es digna de un poema didascálico. Necesita un Hesiodo por su transcendencia hermosa.
El correo guaraní en sus parejás descriptos por el doctor Bertoni marca algo más que la faz superior de la asociación etnogénica de Giddings; algo más que una confederación étnica. Significa algo exclusivo de la civilización: un lenguaje artificial, convencional como los modernos sistemas de telegrafía¡ adoptados por naciones, no por una nación sola.
Y aquí es preciso recordar lo relativo a la lengua. Un autor que se ha revelado como geólogo, antropólogo anatomo-étnico, como psicólogo y además descuella como agrónomo y naturalista, según recordaremos en seguida, no podía pasar por alto el concurso de la Filología. Y ha ido al grano, al fondo de la cuestión, sin descuidar ninguno de los aspectos fundamentales.
Para no alargar demasiado este comentario preliminar, debemos dejar a un lado el novedoso e interesantísimo aserto de que el guaraní tenía escritura; y no sólo un sistema, sino dos, uno jeroglífico o ideológico, a lo egipcio (epigráfico) y activo o corriente (epistolar) el otro.
Pero no es posible prescindir de la glosa sobre el lenguaje oral del guaraní.
Pasemos por alto, todavía, lo que dice el Dr. Bertoni sobre cultivo sacro de la tradición, del cuento y de la oratoria (5); hasta el mismo rasgo tan significativo de la discusión en las asambleas, que llamaría autoconciencia y discusión racional el maestro Giddings.
Lo que no debemos silenciar aquí, donde tanto hemos oído calumniar al idioma guaraní, es que esta lengua todavía constituye un capital problema pedagógico, y hace indispensable una consideración por breve sea.
Ya el Dr. Manuel Domínguez ha sugerido una vez muy útiles enseñanzas sobre la ventaja de un pueblo bilingüe, con su correspondiente gimnástica mental natural. La Lógica primero, después del nominalismo y segundo después de Stuart Mill, nada tiene que objetar.
Ahora, es decir, aquí, en estas conferencias del Dr. Bertoni, se aborda directa y francamente el problema.
Se dice: «El idioma guaraní no tiene expresión para indicar la gratitud, el agradecimiento o las gracias». Los críticos a lo Valbuena querrían, sin duda, que el guaraní fuese hasta galante como un cortesano de Luis XIV, quien, entre paréntesis, comía aún con los dedos... cosas distintas del espárrago, la alcachofa y los caracoles. Pero también se desmintió tal especie con el aguyeveté [2].
Se dijo: «El idioma guaraní no es rico». Y ya el Araporu era ejemplo probatorio para desmentirlo (6).
Se dijo: «No es capaz de expresar ideas abstractas».
He aquí, el gran disparate, el asno de oro, que aún repiten muchos que aquí se llaman intelectuales, pero que en Batuecas serian expulsados por ignorantes de la más elemental Psicología.
Sobre este punto podríamos escribir volúmenes, tantos volúmenes como la mitad de las palabras usuales del guaraní corrompido de hoy; y demostraríamos, entonces, que la formación lingüística del guaraní es superior en abstracción, generalización e ideación racional a muchas lenguas europeas en muchos casos, por atrevida y presuntuosa que parezca esta jactancia.
En defecto de tan extensa comprobación, sirvan las observaciones rápidas, pero sintéticas, del Dr. Bertoni; y sobre todo sus apreciaciones de la clasificación botánica y zoológica del guaraní, timbre de gloria de la civilización paraguaya, y esencial o absolutamente emanada de una perfecta abstracción y generalización científicas.
No soy yo sino el naturalista y el biólogo quien debe dar y efectivamente da la razón al Dr. Bertoni.
Ya hace tiempo (casi 20 años) que el profesor Anisits nos enseñaba eso en el Colegio Nacional de Asunción.
Sólo que la comprobación plena, científica, clara y abierta hemos tenido sino hasta estas Conferencias, en que el Bertoni nos ostenta al guaraní como verdadero sabio en la clasificación, distribuyendo en grupos naturales, géneros y especies y familias, los vegetales y los animales.
Y el que ha aprendido cuatro palabras de metodología, de Lógica, sabe que la abstracción en psicología, es la base de la clasificación en Lógica.
El mérito del Dr. Bertoni no acaba en esto. Falta lo mejor.
El Dr. Bertoni comenzó a figurar en nuestro país como e1 mejor Director de nuestra Escuela de Agronomía.
Su Revista, aún hoy que ha dejado de ser maestro a sueldo (desde años hace) se conoce en todo el mundo.
Pues bien, tocábale el alto honor de llegar al pináculo del enaltecimiento paraguayo, siendo el primer sabio que aquilatara el mayor mérito de la economía nacional del Paraguay, en el presente y muy probablemente en el porvenir.
Al llegar a este punto ya no hay necesidad de tocar los otros que analiza y señala el Dr. Bertoni: existencia de ciudades, numeración, etc., entre los guaranianos.
El Dr. Bertoni nos ha llevado a la cumbre excelsa cuando nos ha demostrado que la medicina indígena, lejos de ser la grosera opoterapia y supercherías de salvajes y pueblos llamados cultos, ha establecido la aplicación de un número de plantas medicinales que, a pesar de ser grande, los sabios de hoy no le han agregado aún nada.
En cuanto a los vegetales de alimentación y otras necesidades, vamos subiendo siempre. Ninguna raza o civilización ha hecho lo que el guaraní. Leedlo y refutadlo al Dr. Bertoni. Y como creo que no podréis refutarlo fácilmente, os convenceréis.
El espíritu sano, con inteligencia medianamente cultivada y con sensibilidad ajena a esas morbosidades de serrallo que huyen de la naturaleza para refugiarse en el modernismo decadente, si ha nacido en el Paraguay o por él se interesa, ha de sentir forzosamente como una impresión enorme, pero suave, como la atmósfera de nuestro clima, y tan agradable como la mejor Música, la mejor Poesía en la enseñanza del Dr. Bertoni sobre el conocimiento y arte agrícolas del guaraní.
Esa perspectiva de especies silvestres transformadas, de variedades botánicas, de frutas sin semillas que nos ofrece el doctor Bertoni en amplio panorama, desarrolla para el Brasil y el Paraguay un horizonte de idilio intenso, difundido en una epopeya secular, silenciosa, pero inmensa.
El genio guaraní, de este modo, resucitaría al clásico, con la diferencia de que Minerva, no sólo estaría representada, en magnifica Acrópolis, por Palas Atenea, sino en ella, en ella si, en Minerva brillarían refundidos, Apolo y Ceres, la Poesía y la Agricultura.
Hay ciertamente, algo, en las conferencias del Dr. Bertoni, que parece ponderación exagerada en favor del Paraguay. Y claro está que no es nuestro amor patrio el encargado de rechazarlo, por lisonjero que sea, sino tanto detractor de la nacionalidad que crece hasta en nuestro propio seno como la mala hierba, mejor dicho, como el parásito infeccioso.
Empero, por lo mismo que esa ponderación puede parecer lisonja, conviene acrisolarla.
Refirámonos a lo más vago, abstruso y discutido: la Moral, la Religión, la Economía y la Política.
El Dr. Bertoni habla de nuestra superioridad indígena en todos estos órdenes. ¿Será posible?
Prescindamos de sus argumentos sobre estos puntos particulares.
Así y todo queda inconmovible el conjunto del ditirambo científico pro guaraní.
Si el Dr. Bertoni no es autor consagrado en la Etica, el estudio comparado de las religiones, la Economía y la Política, hay otros, hasta ciento, que pueden prestarnos el apoyo de su autoridad, criterio lógico que aún prevalece en lo que no es estrictamente experimental, a pesar de la reforma protestante y la revolución cartesiana. Además, si al Dr. Bertoni no le cotizan como sabio en esas disciplinas del conocimiento, harto respetable y renombrado es su prestigio de naturalista y agrónomo.
Y bien: lo que él dice de Antropología espiritual o social está corroborado ampliamente por lo que impone su autoridad en Botánica y Agronomía; y también por lo que afirman los más diversos o variados maestros y publicistas.
Habla de un comunismo casi perfecto característico del guaraní, y entonces no inventado por el jesuita, así como en otra parte habla de una alta moral, de un elevado concepto y práctica de la dignidad personal, del altruismo, de una religión sumamente espiritualista y de una organización política muy democrática Complétase esto con el carácter suave, dulce, pacífico del guaraní, proverbial, legendario hasta en los libelos difamatorios del Paraguay.
Atando esos cabos, hallamos una espléndida confirmación en obras ya anticuadas por su edad, como las de Carey, el economista, obras ya en recientes, al menos de 20 años atrás como «L’Evolution Sociale, de Benjamin Kidd, « La Sociedad futura», por Juan Crave, «Campos, Fábricas y Talleres», por Krotpokin, el famoso príncipe, y otras que no citaré, por escoger al azar, aunque solo entre las más avanzadas u originales.
Empiezo por el más moderno y ecléctico: Benjamin Kidd. Para este: «Toute la puissance de la presse, les aplications de la science, les developpements de l’industrie, toutes les tendances economiques qui, dit-on, travaillent pour le peuple, deviendront simplement des armes offensivas et defensives puissantes dans les mains d’une oligarchic tyranique si lón suprimait l'existence actualle des sentiments altruistes.»
Y agrega que el desenvolvimiento social de la civilización occidental, se debe y continúa no por la inteligencia, sino por «une force ayant son origine dans le fonds de sentiments altruistes dont se trouve dotée notre civilization». En segundo lugar este desarrollo altruista y la suavización de las costumbres que resulta de él (adoucissement des moeurs qui en resulte) son los productos directos y particulares del sistema religioso sobre el cual está fundada nuestra civilización. (Obra citada, capítulo VIII).
Confróntese ahora, esto, con la suavidad de las costumbres guaraníes y principalmente con su altruismo innegable, con su hospitalidad reconocida hasta por los detractores y véase si no representaban una civilización moral los aborígenes del Paraguay.
Pero oigo venir o zumbar la refutación de los loros que hablan de progreso, de civilización, de alta cocoterie parisién. Y les replico con el mismo Kidd «elle (l’école, especialement en France) devrait repandre dans la population si non le contentement facile de son sort, du moins les gouts modestes, la continuation sauf pour les sujets exceptionnels, du metier paternel, l'amour des choses des champs, la resignation au travail manuel, le culte meme du travail manuel».
¿Y qué otra cosa significa la civilización guaraní, especialmente agrícola y de pequeña industria, como en China y en el Japón?
Oigamos a los otros: Dice Carey en el último capitulo de su Ciencia Social:«La menos adelantada de todas las ocupaciones del hombre, es la agricultura científica y la que es indispensable para el aumento de la civilización verdadera..» Y precisamente en la patria de Carey es donde se ha creído descubrir un procedimiento científico de producción de frutas sin semillas, que ya habían conocido y practicado perfectamente los guaraníes silvícolas! Esto, aparte de cien otras excelencias de la agricultura indígena propia, indicadas por el Dr. Bertoni.
Por si se arguye que el guaraní carecía de legislación o derecho escrito y otras instituciones consagratorias de su moral y su civilización, como si debiéramos exigir a toda raza un Código como el de Justiniano, podremos contestar con las observaciones de Juan Grave (obra citada cap. XXV) sobre la superioridad de la tradición y la costumbre sobre la ley en el respeto a la moral y a la justicia, bajo el aspecto de una verdadera civilización (7). Y esto coincide con la descripción del sistema político-económico de los guaraníes, que el lector hallará en estas conferencias. Algo ideal.
Si se pretende lanzar contra la tesis sostenida como una objeción, la imperfección o deficiencias de la vida guaraní aun en lo económico, agrícola-industrial, todavía podemos contestar con Krotpokin, no por la autoridad de su nombradía, sino por el positivo peso de su obra citada. Todo el conjunto de esta, aunque no constituye la última palabra de la ciencia, por lo menos se la aproxima en su presentación didáctica, rigurosamente lógica. Que el doctorcillo universitario, acabadito de hacer en una Universidad europea, sea inferior al hombre completo, práctico, al hombre oscuro e inteligente de la campaña, en la esfera general de su civilización sólo importa un detalle; lo que interesa, para este comentario, es llamar la atención sobre las imperfecciones y deficiencias de la agricultura británica en relación con lo que debe y puede ser, dada la actual civilización, a pesar de ser la mejor, relativamente (8).
Recapitulemos: Si el guaraní era tan buen agricultor, hasta en relación con los agricultores del día, y sin caer en la idolatría del egipcio, dichosa gente, adoradora de cebollas, a quien le nacen dioses hasta en su huerta, según la conocida frase de un padre de la Iglesia, ha menester consentir que era capaz de concepciones morales, teológicas y metafísicos no rudimentarias, sino representativas de civilización.
Si ahondamos las observaciones psicológicas relacionadas con lo ya dicho, nos encontramos siempre con un granítico pedestal al monumento elevado por el Dr. Bertoni, a la raza guaraní.
Ya que la civilización se ha distinguido de la cultura y envuelve tantas pequeñas menudencias transitorias o accidentales del confort, podremos ir a ese terrero de las banalidades de que se jacta el chic de nuestros tiempos.
Trasladémonos a la última palabra, al espécimen de nuestra civilización: un transatlántico. Allí el sabio inglés, Spencer, el Aristóteles contemporáneo nos servirá de guía. Este cerebro genialmente equilibrado nos advierte que para juzgar la mentalidad inferior de salvajes y niños, hay que tomar por guía la propia mentalidad, los propios errores de las clases sociales de los llamados pueblos civilizados. Y hace un cómputo de lo que saben, miran o aprecian los pasajeros de primera y de segunda. Nueve de los primeros y noventa y nueve de los segundos creerán con textos del siglo XIX que la ballena es pez, que la marsopa se parece más al bacalao que al perro, y como el vendedor de mariscos clasificarán la ostra con la langosta de mar, que el genio guaraní y un naturalista como el Dr. Bertoni habrían encontrado más alejados que el hombre de la anguila.
Y quien es capaz de estas abstracciones, lo es de otras, de cualquier orden.
Conclusión: Ya que es indispensable omitir tantas observaciones sobre la solidez de la tesis del Dr. Bertoni, preguntemos ¿cómo deben apreciar los paraguayos esta obra?
Primero, como un motivo oportuno de saludables y necesarias polémicas científicas, si es que caben las objeciones serias.
Segundo, como un tributo de la ciencia a la glorificación nacional. El homenaje granítico de la cultura actual unido a la apoteosis histórica de nuestro heroísmo desplegado en 1865 a 1870. Un himno al pasado paraguayo, .pero no de Apolo, sino de Minerva, no del Arte, sino de la universal Santa Sofía.
Y no se asusten los que tiemblan ante el pasado y piensan poco o mal en el porvenir.
Hay una Filosofía de la Historia, que es ciencia de eterno futuro, y se yergue sobre todo sistema parcial o rebatido.
Los que estudiamos, aprendemos y amamos el pasado, no cumplimos la leyenda de Lot petrificado. No miramos a Sodoma y Gomorra. Miramos la Jerusalem de una patria que desea persistir, dentro o fuera del cosmopolitismo (esto es secundario) y persistir a toda costa.
No buscamos alcurnias con que dar pié a las Renda que exhuman dinastías o blasones para mostrar la degeneración. No anhelamos los ricorsi de Vico, sino en el ritmo de Spencer.
No caemos en el ridículo de resucitar linajes rancios sólo en busca de oriflamas pedantescos.
Somos la naturaleza de acuerdo con la Ciencia. Buscamos las raíces.
Y queremos la raíz, porque, buscamos la savia en su fuente.
Lo que manda la Naturaleza, al dictado de la Ciencia, es que la planta no debe ni puede burlarse, cuando echa flores, del aire en que respiran sus hojas ni del tronco rugoso que sostiene sus ramas, ni de la raigambre oscura, totem cósmico, por donde todo ha venido, del suelo y del pasado, de la Tierra y del Tiempo...
Honor y gracias, pues, a estos trabajadores como el doctor Bertoni, que, con la visión del sabio y la paciencia del agricultor, escarba las capas estratificadas de nuestro solar indígena para alimentarnos y enorgullecernos con la sabia exuberante de las raíces propias.
IGNACIO A. PANE
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