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miércoles, 8 de septiembre de 2010

BARTOMEU MELIÀ - CONQUISTAR LA LENGUA GUARANI / Fuente: EL GUARANÍ CONQUISTADO Y REDUCIDO (ENSAYOS DE ETNOHISTORIA)

CONQUISTAR LA LENGUA GUARANI
Publicada en LA TRIBUNA
(Asunción, 29 de octubre 1972)
Ensayo de
BARTOMEU MELIÀ
(Enlace a datos biográficos y obras
en la GALERÍA DE LETRAS del
www.portalguarani.com )

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CONQUISTAR LA LENGUA GUARANI
La reducción, aunque simple en apariencia, es una operación peligrosa. Los usos de la palabra reducción le dan valores semánticos polivalentes y ambiguos. Hay reducción química, hay reducción aritmética, hay reducción dialéctica, hay reducción política por conquista y sujeción, hay reducción religiosa por enmienda y conversión. El llamado Diccionario de Autoridades, compuesto por la Real Academia Española e impreso entre los años 1726-1739, recoge abundantemente esta variedad semántica: mutación y resolución, cambio y trueque, sumisión y sujeción, conquista y conversión. En la dialéctica es convertir un silogismo de figura imperfecta a perfecta y en religión convencer a los pecadores a la enmienda. "Reducción se llama también el Pueblo de Indios que se han convertido a la verdadera Religión".

La reducción es palabra que está en boga en la España del siglo XVI y XVII y no deja de tener analogías con el proyecto expansionista de una España conquistadora y colonialista que pretende convertir las nuevas regiones al ordenamiento etnocéntrico de una sociedad que se piensa política y jurídicamente más perfecta. España, y sobre todo la Iglesia española se da a sí misma un deber reduccional, que es identificado como un deber civilizador y cristiano. Y esta es la gran ambigüedad de la tarea reduccional. La creación de un nuevo orden, civil y religioso, no se hace sino a expensas del orden antiguo. Los reductores manipulan, guardando, dentro de lo posible, las apariencias.

En realidad, cuando ha pasado un "reductor" todo es igual y todo es diferente. Los jíbaros reducen las cabezas; el "civilizador" reduce el hombre, cuerpo y alma.

La "reducción" de los Guaraní del Paraguay por gracia y arte de los jesuitas no estuvo exenta de todas estas ambigüedades. La "reducción" llevada a cabo por los jesuitas entre los Guaraní es una empresa religiosa y una realización socio-cultural que tocaba de lleno la estructura de la nación guaraní. El proyecto está bastante claro en la intención del misionero: "Llamamos reducciones a los pueblos de indios, que viviendo a su antigua usanza en montes, sierras y valles, en escondidos arroyos, en tres, cuatro o seis casas solas, separados a legua, dos, tres y más, unos de otros, los redujo la diligencia de los padres a poblaciones grandes, y a vida política y humana, a beneficiar algodón con que se vistan" (Montoya 1639 a: f. 6r).

Vida civil y vida cristiana se confunden. El cambio en la vida civil, tal como lo lleva a cabo el "reductor", es una empresa totalizante que cambia las reglas del juego social. Como dice Lévi-Strauss a propósito de las misiones salesianas entre los Bororo del Brasil, "contrariando la disposición tradicional de las aldeas, los misioneros lo destruyen todo" (LéviStrauss 1966: 189).

En efecto, el paso de un agrupamiento de cinco o seis familias o de un aldeamiento circular a una población de mil y más familias y a un pueblo tirado a cordel, dispuesto en cuadras, no es un cambio simplemente numérico ni externo: la estructura social es cambiada formalmente. Y sabemos que en estructura todo se juega en la forma. No se vive en cuadra o en círculo, impunemente.

Los dirigentes espirituales de los Guaraní comprendieron perfecta y exactamente que con la "reducción" era la cultura guaraní misma la que estaba en peligro, y aquellos sacerdotes se levantaron -o intentaron levantarse- contra esos innovadores que atacaban la tradición, en nombre de una religión distinta.

"La libertad antigua veo que se pierde -decía uno de ellos-, de discurrir por valles y por selvas, porque estos sacerdotes extranjeros nos hacinan a pueblos, no para nuestro bien, sino para que oigamos la doctrina tan opuesta a los ritos y costumbres de nuestros antepasados" (Montoya 1639 a: f.74 v).

El intento de conversión religiosa se convertía a su vez en un intento de conversión social y cultural. Examinando los textos de la época, se descubre que el misionero -y no podía ser de otro modo- está marcado por su etnocentrismo, que se constituye a sí mismo en norma política, orden institucional, religión verdadera y humanismo; es decir, fuera de su mundo, no hay en el indio, ni organización social, ni derecho, ni verdad religiosa, ni humanismo. No hay cultura, sino barbarie y casi animalidad. El fenómeno es de todos los tiempos: el colonialista niega la autonomía cultural del otro. Esto es tan importante en el invasor que procura justificarlo por todos los medios, entre los cuales el más burdo, pero al mismo tiempo el más eficaz, es el de crear en el colonizado una imagen de sí mismo despreciable y tímida. El colonizado llega así a estructurarse -o mejor dicho, a desestructurarse- a partir de las pautas culturales del enemigo.

A veces el proyecto "civilizador" es tan compulsivo y rápido, que el hombre indio se quiebra y se disgrega; es la deculturización generalizada. Son las masas indígenas proletarizadas, porque fueron antes desculturizadas, si no eliminadas a mitad de camino.

Las reducciones de los Guaraní, como cualquier otra empresa colonial, no hubiera podido evitar el gran desastre de la destrucción cultural, de no haber mediado una recuperación de lo indio en ciertos niveles que permitieron una nueva estructuración.

En el orden socio-económico, se aceptó un modelo socialista que lograba una producción planificada y una distribución igualitaria. Sin comunidad de bienes, los Guaraní hubieran dejado de ser guaraní. En el orden religioso, la base etnográfica del misticismo y la ritualización de la vida, tan propia de los Guaraní, fue también aprovechada, aunque orientada hacia manifestaciones y contenidos externamente cristianos; pero lo importante era la forma, y esta forma prolongaba posiblemente el "ñande reko" guaraní. Por paradójico que parezca, el intenso ritual de las Misiones barrocas, no era para el Guaraní un extrañamiento, sino que funcionó posiblemente como endoculturación. En un reciente trabajo: LA UTOPÍA IMPERDONABLE. LA COLONIA CONTRA LA SOCIALIZACIÓN DE LOS GUARANÍES (ver supra: 121-129), hemos intentado explicitar algunos de estos aspectos.

LA REDUCCIÓN LITERARIA

Dentro de una reducción que intentaba llegar hasta el núcleo de la cultura guaraní, la lengua no podía dejar de ser tocada. La palabra es el alma: el Guaraní encuentra su fundamento en la palabra. También aquí, quitarle la palabra, sería arrancarle el alma.

La reducción social y religiosa de los Guaraní por parte de los jesuitas había reencontrado ciertas pautas y modos que permitían la persistencia de una vida todavía guaraní, por el camino tentativo de una formalización inconsciente. A nivel lingüístico, sin embargo, la reducción se opera diferentemente.

En primer lugar, ya de entrada, se supera el prejuicio etnocéntrico de que lo indio es apenas humano. La lengua guaraní es considerada como una "lengua tan copiosa y elegante que con razón puede competir con las de fama" (Montoya 1639 b: ff. Preliminares).

"Es sin controversia de las más copiosas y elegantes que reconoce el orbe, y con razón puede competir con las que tienen más fama, cuando en sentir de varones peritos en ambos idiomas, cede en poco al griego, y se aventaja a otros muy aplaudidos, causando justa admiración que en tanta barbarie, como era la de la nación guaraní, cupiese tan admirable artificio y tanta propiedad en expresar los conceptos del ánimo" (Lozano 1754,I: 259).

Los jesuitas, al contrario de otros emisarios e invasores coloniales que quieren justificar sus imposiciones culturales achacando pobreza a la lengua indígena, consideraron la lengua guaraní como el lugar privilegiado donde ha permanecido una porción de un pensamiento divino más primitivo, y por lo tanto que no tiene nada de salvaje (aunque hoy diríamos, que lo salvaje de la lengua es la prueba de su firme estructura). Este argumento teológico de tipo platónico coloca al misionero en una actitud de respeto frente a la lengua guaraní, como no ha tenido a propósito de ninguna otra institución social. La lengua es lo más "divino" que está todavía latente en lo guaraní. Visión platónica, por otra parte, que está en consonancia con la propia teología de los Mbyá-Guaraní actuales.

"De la sabiduría contenida en su propia divinidad
y en virtud de su sabiduría creadora,
creó Nuestro Padre
el fundamento del lenguaje humano
e hizo que formara parte de su propia divinidad.
Antes de existir la tierra,
en medio de las tinieblas primigenias
antes de tenerse conocimiento de las cosas,
creó aquello que sería el fundamento de la palabra"
(Cadogan 1959 a: 19-20).

De todos modos, aun teniendo en cuenta que en el orden lingüístico el misionero jesuita acepta escuchar la palabra del indio, no renuncia, sin embargo, a su tarea "reduccional".

La reducción lingüística se ejercerá en los distintos planos que constituyen el sistema de la lengua: fonología, morfología, léxico (y estilo).

A ) REDUCIR A ESCRITURA

Hacer pasar una lengua sin grafía a lengua "letrada" (o literaria) es una tarea que supone necesariamente una serie de "reducciones". La lengua pasa del oído a la vista, de lo efímero a lo estable, de lo particular a lo general, del individuo a la sociedad. Lo que se gana en economía de recursos -los sonidos son reducidos a fonemas tipos en número bien definidos- se pierde respecto a la rica variedad de las realizaciones espontáneas únicas. La lengua escrita viene a ser la lengua de todos. Pero también la lengua escrita puede fácilmente ser controlada por quien domina política y socialmente. La sociedad llega a ser del que la escribe o del que censura lo escrito-. En realidad, esa operación de reducir una lengua a escritura, está llena de acechanzas y amenazas. "Aunque la escritura no haya podido consolidar los conocimientos, era tal vez indispensable para dar firmeza a las dominaciones. La lucha contra el analfabetismo se confunde así con el refuerzo del control sobre los ciudadanos por el poder" (Lévi-Strauss 1966: 266).

A la lengua guaraní, no fueron los gobernantes quienes la redujeron a escritura, sino los misioneros. La lengua reducida a escritura permitía un más fácil manejo, y sobre todo la confección de textos que pudieran ser repetidos sin variantes, la invariabilidad dogmática de la doctrina cristiana que se quería enseñar, necesitaba la firmeza de la letra. Fray Luis de Bolaños, franciscano, fue sin duda uno de los primeros que escribió el guaraní.

El jesuita Ruiz de Montoya logró más exhaustivamente esa primera reducción de la lengua guaraní, que "parecía imposible poderse reducir a escritura".

Con ello la lengua guaraní salía de la pura oralidad para entrar por el camino de lo que se ha dado en llamar literatura. Los sonidos sufrían una fijación y uniformidad que serían la base para un idioma y un "tesoro" que ha podido perdurar hasta nuestros días.

A pesar de todas las trampas que supone para la lengua indígena el ser reducida -sobre todo cuando esta reducción la hacen hombres que quieren imponer sus pautas culturales desde fuera-, la lengua guaraní adquiría un cierto prestigio que hasta se convirtió en instrumento en favor del indio, aunque esto no suele ser normal.

Hay que notar que el sistema gráfico adoptado por Fray Luis de Bolaños y perfeccionado después por Montoya y la escuela de los jesuitas, se constituyó desde el principio en un alfabeto casi fonológico que no distaba mucho del principio de representar cada sonido con un solo signo.
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El primer gran diccionario de la lengua guaraní.
"Tan propia es (esta lengua guaraní),
que desnudas las cosas en sí,
las da vestidas de su naturaleza"
(Montoya, en la introducción del Tesoro).
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B) EL ARTE DE LA GRAMÁTICA

Una lengua como la guaraní, sin letras, no tenía gramática, pero no por eso carecía de estructura gramatical. Fray Luis de Bolaños "es la persona a quien se debe más en la enseñanza de la lengua de los indios, por ser el primero que la ha reducido a arte y vocabulario y traducido en ella la doctrina, confesionario y sermones" (AGI, Charcas, 146).

Esta reducción gramatical presenta nuevamente bastantes ambigüedades. La intención de las gramáticas misioneras es la de proporcionar al "principiante" los esquemas gramaticales que le puedan facilitar la traducción de lo que le dice el indio, de lo que él va a decir al indio. Entender y ser entendido. Las referencias gramaticales y morfológicas que guían la reducción traductora toman como base las categorías aplicadas en la época a las gramáticas de latín, de griego o de castellano.

La gramática todavía inédita (*) de Alonso de Aragona, así como el bien famoso Arte de la Lengua Guaraní de Antonio Ruiz de Montoya, intentan encajar y modelar la lengua guaraní en el aristotélico proyecto gramatical de las ocho partes de la oración. Por supuesto que esta tentativa de reducción gramatical hubiera sido distorsionante, si en la práctica los constructores de gramática no hubieran aprovechado también un riquísimo material que no caía exactamente dentro del esquema tradicional latino. La traducción de una lengua a otra nunca es perfectamente equivalente, porque cada lengua sostiene su propia visión del mundo. Aún tomada como modelo, la gramática latinizante no puede dar razón de todas las peculiaridades de la lengua guaraní. De ahí la necesidad de una reducción que tenga en cuenta la estructura propia e interna de la lengua indígena. Ciertamente, el misionero gramático no llega fácilmente a la formalización del guaraní a partir del guaraní mismo, pero escucha suficientemente al indio hasta descubrir las diferencias. Y en este juego gramatical se da un fenómeno interesante: el convertidor llega a ser convertido, por lo menos en parte. Ni siquiera un misionero puede jugar impunemente con las reglas del otro. El indio guaraní se latinizó, pero el misionero se guaranizó. Este fue el arte de la gramática, juego sutil y que se jugó con bastante limpieza.

(*) Recientemente esta gramática ha conocido su primera edición: "Breve introducción para aprender la lengua guaraní por el P, Alonso de Aragona"; presentación, edición y notas por Bartomeu Melià, Amerindia; revue d'ethnolinguistique amérindienne, 4. Paris, 1979: 23-61.

C) EL TESORO DE LA LENGUA

La cultura conforma el léxico, lo mantiene y lo cambia según su propia evolución. El diccionario de una lengua no es propiamente una nomenclatura, sino un tesoro de cultura. A este propósito cabe recordar que la investigación lingüística es casi la única entrada válida en las culturas indígenas.

Pero aquí también se operan ciertas reducciones. Quien compone el diccionario de una lengua de cultura extraña, difícilmente hace de esta lengua un registro objetivo. El misionero, como el etnógrafo actual, no siempre logra situarse física y culturalmente dentro del grupo escogido. Aun con la mejor voluntad, persiste un extrañamiento mutuo y una zona indígena inexplorada que ningún intruso podrá jamás violar. El misionero, en concreto, y debido precisamente a sus presupuestos religiosos, se prohíbe a sí mismo vivir ciertas situaciones culturales del indio. El misionero, que es o debería ser un perito en religión, suele mostrar frente a la religión indígena un distanciamiento que va desde el desconocimiento hasta la aversión y el desprecio. (Es un fenómeno que aun actualmente se da, con más vehemencia incluso que en tiempos de la colonia, entre misioneros que actúan entre los indígenas del Paraguay; hay misioneros, sobre todo de filiación norteamericana, que ejercen compulsiones culturales en nombre de la religión, que no respetan ni los derechos humanos fundamentales).

La intención catequética parece que al "reductor" le hace pasar por alto lo que no puede, o piensa que no puede, ser convertido.

De todos modos, hay que reconocer en Montoya una amplitud de información lexicográfica que nunca ha sido superada después. Su Tesoro de la Lengua Guaraní, lo mismo que el Vocabulario son de hecho la mejor descripción etnográfica que de los Guaraní coloniales tenemos.

La "reducción" a nivel del léxico es el hecho de haber recogido preferentemente los elementos que podían servir a las necesidades de la traducción religiosa y de la traducción a una vida civil nueva. Se da incluso una yuxtaposición de valores semánticos para un mismo término de la lengua guaraní, que no es más que un reflejo de la situación de contacto ya inaugurada con la invasión colonial. De hecho, el Vocabulario de la Lengua Guaraní, compuesto por Restivo, nos da una lengua guaraní ya cristiana y mucho más pobre desde el punto de vista etnográfico; en 1727 la "reducción" literaria estaba casi completada, porque también la reducción socio-cultural había adquirido una estructura propia.

Otra reducción que se opera también a nivel de léxico, consiste en la introducción de neologismos y de barbarismos. Para los neologismos, la reducción actúa aparentemente como creación de nuevos términos y enriquecimiento; pero hay que preguntarse hasta qué punto la estructura de composición obedece a las pautas del mismo sistema o de un sistema extraño. En muchos casos, los neologismos que se introducían en la lengua guaraní de las Reducciones obedecía más bien al esquema conceptual grecolatino que a la mentalidad guaraní.

Los barbarismos son otra manera de "reducción", ya que son un préstamo de la cultura extraña, que envuelve una cierta confesión de incapacidad creativa de la lengua guaraní frente a nuevas realidades.

La "reducción" del léxico, a pesar de todas las ambigüedades señaladas, fue sin embargo, el aporte misionero tal vez más válido, en cuanto que ordenó y atesoró valores semánticos de la lengua guaraní todavía "primitiva" en algunas áreas, valores que de otra manera hubieran perecido definitivamente, ya que los diccionarios que después se han compuesto no pasan de ser en muchos casos sino un ejercicio incompleto de aficionado.
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Gramática manuscrita del padre Paulo Restivo.
"El artificio desta lengua es tan raro y singular..."
(cf. Melià 1969 a 1; 102).
Biblioteca Universitaria de Granada, caja 38.


D) LA LITERATURA GUARANÍ "CLÁSICA"

Lo escrito -lo literario- es, por fin, la grande y más definitiva "reducción". El escritor selecciona, discrimina, y hasta su creación supone rechazos. La estratificación y el mecanismo de separación parecen estar latente en el proceso literario, que no se da de hecho, sino en las sociedades divididas en clases o castas. Las sociedades tribales, sin clases, no suelen tener libros. Tal vez, porque no tienen libros, no tienen clases que puedan dominar a partir de ellos.

La principal labor literaria en lengua guaraní, aparte de las gramáticas y vocabularios de carácter instrumental, fue la traducción, y concretamente la traducción religiosa. Recuérdese que aun ahora, en muchas lenguas indígenas no existe más literatura que la traducción de la Biblia.

Fray Luis de Bolaños tradujo el Catecismo breve del Concilio de Lima, de 1583; Montoya tradujo el Catecismo, muy español, de Ripalda. La obra máxima de la imprenta de las "Doctrinas" misioneras, De la Diferencia entre lo Temporal y lo Eterno, es también una traducción, que supuso un extraordinario esfuerzo de imaginación y de sutileza en la elaboración de un sinnúmero de neologismos. Poco a poco aparecen también los indios literatos. El principal de ellos, Nicolás Yapuguay, no representa, sin embargo, más originalidad que la de reescribir la predicación del misionero con algunos aportes de modismos idiomáticos y algunas imágenes locales.

Las mejores páginas de la literatura guaraní del período "clásico" lo constituyen sin duda las cartas de los Cabildos indígenas durante la llamada guerra guaranítica (1753). Maravillosamente, la literatura se pone al servicio del mismo indígena en una causa de liberación que le es propia. Sólo apuntamos este fenómeno, que necesita un estudio más exhaustivo.

Es cierto que la letra y la literatura en tiempo de las Reducciones es un buen ejemplo de aculturación, que alcanza incluso resultados de creación. Los grabados y el trabajo de artesanía que entran en la confección de los libros misioneros indican que está naciendo una nueva cultura. Sin embargo, todo el entusiasmo que se pueda tener ante estas nuevas realizaciones artísticas, no puede hacer olvidar las limitaciones que consagró este tipo de literatura. El indio no escribirá ningún canto ritual, no transcribirá ninguna oración propia, ni un mito, ni una leyenda. Y los tenían.

La "reducción" literaria, como toda reducción socio-cultural no lograba superar enteramente el esquema de dominación colonial dentro del cual había nacido. Todo ello, a pesar de los aportes intentados en favor de nuevas estructuras socio-culturales.

La ambigüedad de una reducción es una advertencia para todos aquellos civilizadores que creen que es posible crear a partir de la dominación cultural.

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Fuente:
EL GUARANÍ CONQUISTADO Y REDUCIDO
ENSAYOS DE ETNOHISTORIA
Ensayos de
BARTOMEU MELIÀ
Biblioteca Paraguaya de Antropología, Vol. 5
Centro de Estudios Antropológicos
Universidad Católica “Nuestra Señora de la Asunción”
Asunción-Paraguay
1993 (298 páginas).

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