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jueves, 29 de abril de 2010

DARÍO GÓMEZ SERRATO - CHIPÉRA LUQUE (IDILIO DE ESTACIÓN) / Fuente: LAS VOCES DE LA MEMORIA - TOMO IV Autor y ©: MARIO RUBÉN ÁLVAREZ

CHIPÉRA LUQUE
IDILIO DE ESTACIÓN
Letra: DARÍO GÓMEZ SERRATO
(Enlace a datos biográficos y obras
En la GALERÍA DE LETRAS del
www.portalguarani.com )

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El sol del mediodía en la estación de Luque era un puñal candente que, sin piedad, se abalanzaba con igual saña sobre los que esperaban en los andenes y los que iban llegando en el célebre "tren las 12". Era el año 1922.
En medio de las voces que se mezclaban en el bullicio de la llegada sobresalían las chiperas luqueñas. Sus ajaka estaban llenas de aromados manjares: chipa arâmirô y chipa viskócho. Era imposible no rendirse ante ese pan tan paraguayo que antes de entrar por la boca seducía al olfato.
Esa legendaria exquisitez de los hornos de la que fuera alguna vez -durante la Guerra Grande- capital de la República provenía sobre todo de dos lugares de acuerdo a los datos recogidos por MARTÍN OCAMPOS, de la Asociación de Poetas de Luque. Gracias a sus averiguaciones es posible publicar esta historia.
"En aquella época eran conocidas dos grandes chiperías: una de ellas se ubicaba a una cuadra de la estación. Su gran tatakua se hallaba instalado bajo un frondoso árbol de yvapovó (El predio fue destruido muchos años después y el terreno fue adquirido y fue domicilio de don Pancho Pérez). La otra gran chipería estaba a una cuadra del predio de la iglesia, hacia la cancha del Sportivo Luqueño", cuenta Ocampos.
Esas dos fábricas surtían en abundancia a las vendedoras del andén. Sonrientes, ofrecían su mercancía a quienes ya sentían el acoso del hambre del mediodía.
Esa siesta, de uno de los vagones, descendió el poeta y músico DARÍO GÓMEZ SERRATO (nacido el 18 de enero de 1900 en el barrio asunceno de Trinidad y fallecido el 13 de diciembre de 1985 en el mismo lugar). Apenas bajó aquel hombre que compartía su arte en la Banda de Policía con JOSÉ ASUNCIÓN FLORES, FÉLIX FERNÁNDEZ, ANICETO VERA IBARROLA y otros, clavó sus ojos en una vendedora de chipa. Su belleza le deslumbró.
Era de "tez trigueña, estatura mediana, cabellera larga y lisa -usaba rodete con peinetas de fino oropel, siempre con una flor incrustada en su cabellera-; tendría 17 ó 18 años. Su cuerpo era fino y elegante, con ojos negros, labios delgados, de sonrisa fácil. Su atuendo era typói jegua puku, con encaje ju", le describieron a Martín las personas mayores consultadas por él: ELIO SERAFINI, ALFREDO OCAMPOS -su padre- y un señor de apellido Bueno.
Para aproximarse a ella e intercambiar las primeras palabras Gómez Serrato tuvo que haber comprado al menos un par de chipas. Sus ojos habrán dicho ya entonces lo que solo después se convertirían en vocablos compartidos. Un romance se gestaba en ese ámbito de apretujones y apuros.
-Me llamo LUISA RIQUELME-, le contó la chipera sin muchas vueltas después de que el artista le diera su nombre. "Pronto entre el poeta viajante y la chipera de Luque se inició un dulce idilio, cuyo fruto fueron los versos de CHIPEÉA LUQUE dedicados a LUISA RIQUELME. La musicalización, algún tiempo después, estuvo a cargo de EMILIO BOBADILLA CÁCERES y AGUSTÍN BARBOZA, según me dijo alguna vez este último", relata Martín Ocampos.
DARÍO GÓMEZ SERRATO volvió a Asunción, pero apenas podía tomaba el tren para ir a Luque. Motivo no le faltaba. Allí, con su encanto y su ternura, ansiosa, la esperaba su trigueña chipera.
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Fuente: Martín Ocampos.
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CHIPÉRA LUQUE
Chipéra Luque hesa hũetéva
opa voíva chemopĩrĩ
emombe’úna chéve nde réra
chipéra Luque jurupemi.

Oike che akãme ñepohanóicha
tapurahéike ndéve raẽ
ha che kũguýgui péina heñóima
nde reraitépe ijapopyre.

Aiporumírõ ku tren las doce
ha yvytu piári ãsérõ aha
añembojávo Luque estación-pe
ndéve raẽke torohecha.

Pynandimínte jepive guáicha
chipa porãme che ruvaitĩ
ha tahecháke nde áva kuápe
clavel, romero ha pacholi.

Nde pyti’áre mosto hyrúpe
ha ne rembére parral aju
chénte ahecháma chipéra Luque
ha ha’uségui che ãkãnundu!

Nde resahũgui che korãsõme
paje oñehẽva che angaiparã
néina po’a taipoty che pópe
ha nderehe tachererakuã.
Letra: Darío Gómez Serrato
Música: Emilio Bobadilla Cáceres - Agustín Barboza
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