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martes, 19 de octubre de 2010

MOISÉS S. BERTONI - DE LAS GRAFÍAS DEL GUARANÍ Y DE LAS ORTOGRAFÍAS / Edición digital: www.guaranirenda.com.



DE LAS GRAFÍAS DEL GUARANÍ Y DE LAS ORTOGRAFÍAS

Una cuestión, cuya importancia no todos saben medir,
es seguramente la de la grafía,
o arte de escribir las voces y sus compuestos.


Para la ciencia, como para todo trabajo en que la exactitud es necesaria, adoptar una mala grafía es una desgracia. La literatura y los escritos populares pueden, en último análisis, adoptar cualquier grafía para las lenguas no escritas, o escritas al capricho de cada uno, como la guaraní. Será un inconveniente más o menos grave. Pero las obras científicas que no adoptan y siguen rigurosamente un buen método de grafías de palabras, introducen la confusión y preparan otras confusiones o errores para el porvenir.
Bastaría citar como ejemplo la obra capital de Piso y Marcgrav, respecto a plantas, animales y medicina, impresa en 1648, en edición de lujo y profusamente ilustrada. La desgraciada adopción de la C para los nombres guaraníes, y el escribir C en vez de K, llenó de errores de impresión a tan importante libro, e hizo entrar en la ciencia errores que llegaron a ser prácticamente insalvables, por lo universal que ya son. Y sin hablar de los dislates de Hans Staden, de Schmiedel, y de otros ignorantes, habría que recordar el acrobatismo gráfico de Lèry, y las grafías lusitanizadas de Gabriel Soares, Magalháes de Gandavo y de todos los antiguos portugueses, a las franco-hispánicas de Rochefort y el p. Breton, a la franco-lusitana de Yves D'Evreux, a la italo-lusitana de los traductores de Thevet, y por fin, a las holandesas, francesas, alemanas y latinas. Todo eso vino a constituir un laberinto de falsas vías, que llega a ser muy frecuentemente un rompecabezas para quien necesita poder orientarse en medio de tamaña confusión.
Lo peor es que a pesar de todas las indagaciones que se hagan o intenten, quedan muchos enigmas sin solución, confusiones inaclarables y errores sin enmienda posible, debido a las malas grafías que ocultan a la forma genuina, o identifican un nombre de planta con el de otra, o los transponen, o de uno hacen dos, o los altera de una manera irremediable. Se puede imaginar a lo que puede llevar esto, en tratándose de plantas medicinales.
Pero en todas clases de investigaciones las malas grafías representan un obstáculo, a veces insalvable, y una fuente de errores, perjudiciales o fastidiosos y aún ridículos. Basta decir que el conocer la recta grafía de una palabra, es condición indispensable y fundamental para el estudio de las etimologías. Ahora bien, la etimología, un tanto desacreditada por los que intentan invadir sus dominios, sin el armamento necesario, no deja de ofrecer muy útiles indicaciones. El análisis etimológico de una palabra es muchísimas veces revelador. Frecuentemente nos indica las propiedades de una planta poco conocida, o la inanidad de los que erróneamente se la atribuyen, o la aplicación diversa que en otros países se le diera. Ayuda también a la determinación o identificación de la especie, o del grupo a que pertenece, o al conocimiento de su origen, de su dispersión, así como de su ecología. Por fin, puede denunciar o aclarar toda clase de errores, antiguos o modernos, cometidos en todos estos sectores de la humana lucha por la verdad, inclusive el histórico, el protohistórico, el geográfico y el etnológico.
Esto explica que la etimología de los nombres guaraníes despierta tanto interés, y por qué hay muchas personas que toman interés y hasta ponen verdadera pasión en esa búsqueda. Y más lo explicará y lo justificará el hecho de que la nomenclatura guaraní domina desde las antillas hasta la boca del Plata, tanto que entre nombre geográficos, toponímicos, de plantas y otras cosas naturales, estimo que el total alcanza o pasa el formidable número de sesenta mil.
Este último dato claramente dice cuán necesario sea llegar a una entente ortográfica con los países vecinos. Ideal que no podrá realizarse pronto, pero se realizará algún día, por la imposición natural de las cosas, a pesar de que hasta ahora no lo haya tenido en cuenta ninguno de los que se ocuparon de uniformar las grafías, y menos los autores de nuevos métodos. Es muy sensible, pero así será mientras no se proceda de otra manera, sobreponiéndose a todo prejuicio.
Lo que uno propone, al idear una nueva grafía, es evitar los inconvenientes de las viejas o usuales. Por tanto, los que están más habilitados para eso, son los que mayor ocasión han tenido de conocer aquellos inconvenientes y saber cuáles fueron los más perjudiciales, tanto para la ciencia, como para el público. Pues algunos, aunque graves, pasan desapercibidos para quien no tiene una larga práctica científica, o pueden ser considerados como de poco momento. Por otra parte, es preciso darse cuenta de que una grafía, al corregir ciertos inconvenientes, puede crear otros, caso muy frecuente y soberano motivo de malogros. Si a esto se agrega las dificultades psicológicas, se comprenderá que es, además, indispensable, tener bastante conocimiento de la cuestión, fuera del país y con otras lenguas.
Aun cuando el objeto no sea sino el de dotar al Paraguay de una ortografía uniforme para el uso corriente, yo estimaba conveniente que, en hacerlo, se propendiese hacia cierta internacionalidad, colocándose, en lo posible, dentro del único convenio internacional que para el caso tenemos, y en una situación que facilitase un subsecuente convenio con los cultores brasileños y otros de más allá, o cuando menos, tratase de reducir las diferencias entre dos inevitables ortografías filológicas nacionales, paraguaya y brasiliense.
Conceptúo necesario evitar todo nuevo recurso ortográfico que tenga que quedar por su propia naturaleza exclusivamente paraguayo, y aun más, todo convenio que encierre un peligro de malentendido para los lectores de los países vecinos.
La mayor dificultad práctica está en que esa tarea debería ser encomendada a una sola persona, o a una comisión de pocas personas, y oficialmente. Creo que no existe un solo ejemplo en el mundo de que una nueva grafía duradera, o la uniformización de una grafía, haya salido de una corporación científica, o areópago cualquiera. Todas las intentonas en ese sentido, a mi saber, naufragaron. Una comisión numerosa o un areópago, no llegaron nunca a algo armónico y duradero.
Otra gran dificultad es que los proyectistas, en su mayoría, ignoraron o desconocieron las reglas lógicas, o leyes fundamentales de toda buena y duradera grafía, y con más razón se alejaron de las simples recomendaciones. Entre estas últimas, hay la que se trate de no complicar la grafía universal, y por lo tanto, que se adopten letras o combinaciones que ya existen en otras lenguas. Y la de evitar de dar a una letra un valor que no tenga en ninguna otra lengua. Cuando no cuesta sacrificio, es cordura atender a las recomendaciones. Pero, siquiera las leyes lógicas fundamentales, debieran ser acatadas. Veámoslas.

1ª. No pretender obligar a las imprentas a que manden fundir nuevos tipos, y mucho menos con matices nuevas. Pues de otro modo, en la práctica, fue la ruina y el olvido, salvo el caso de imposición oficial. En Norteamérica se hace uso de las grafías y ortografías más complicadas –con 60, 80 y aun más de 100 letras y signos–, sin emplear un solo signo que no sea de uso en cualquier regular imprenta.
2ª. No hacer uso de una acentuación complicada. Con más razón si la grafía pretende llegar a ser ortografía corriente y popular. La tónica es indispensable.
3ª. Nunca bajo ningún pretexto, escribir de dos maneras el mismo sonido o fonema.
4ª. Nunca atribuir al mismo signo o letra valores diferentes, salvo en alguna combinación necesaria o prácticamente muy conveniente, como CH, TH, KH, IH, a condición de que sea de uso universal, o ya pertenezca a alfabetos muy conocidos.
5ª. Que la nueva grafía contenga absolutamente todos los fonemas y signos por fonemas de la lengua.
6ª. En las lenguas aglutinantes y polisintéticas, los vocablos por elementos, en las composiciones, son indicados por cada acento tónico, y en toda grafía científica deben ser separados de alguna forma.
7ª. El acento tónico debe ser rigurosamente indicado, excepto en los monosílabos monovocales. Su omisión fue la causa máxima de errores.
8ª. Una sílaba atónica nunca podrá ser separada de la palabra o vocablo a que pertenece. Un vocablo atónico es inexistente.
9ª. Las nasales deben ser rigurosamente indicadas, y en trabajos de fonética, también las seminasales y los nasolabiales.
10ª. Las letras mudas no se escriben, excepto en estudios científicos, en los que no se deben escribir como las otras letras (sino mediante letras exponentes, chupadas o cursivas).


Ningún sistema ortográfico habiendo tenido en cuenta todas estas bases necesarias, todos perecieron o perecerán, modificándose en la práctica y substituyéndose uno a otro, sin llegar a una forma definitiva durable. Los españoles del coloniaje no siguieron método, y además omitiendo muy frecuentemente el acento tónico final, introdujeron la mayor causa de todos los errores y confusiones sin fin. Los portugueses hicieron lo mismo. Los padres Anchieta, Montoya, R. Breton, Figueroa, Prazeres Maranhao, combinaron verdaderos sistemas, más bien personales, y que por sus defectos, científicos o prácticos, no pudieron perpetuarse. No fueron convencionales.
La primera convención tuvo lugar en el Paraguay en 1867. Ese año, por disposición del supremo gobierno, se reunía en Paso Pukú una comisión formada por los escritores Luis Caminos, Carlos Riveros, Andrés Maciel y Crisóstomo Centurión, estableciéndose una ortografía popular y nacional, con la que se escribió, principalmente, el semanario Lambaré. Fue seguramente la menos defectuosa y la más práctica, pudiendo seguirse en las modestísimas imprentas de ese tiempo. Pero, la espantosa guerra llevó todo, y los pocos sobrevivientes olvidaron aquella ortografía completamente.

Nota de GR: Este artículo fue publicado como apéndice, en la obra de Moisés Bertoni, Plantas Usuales y Útiles, de 1940. La inclusión del mismo en este sitio se hace sólo a modo de referencia histórica, aun cuando sus ideas fundamentales siguen teniendo actualidad.

Fuente: GUARANIA, Félix de: Ñe'ẽrekokatu ha Ñe'ẽ Morangu - Gramática y Literatura Guaraní, Ateneo de Lengua y Cultura Guaraní, Fernando de la Mora, Paraguay, 2004. Formato 18 cm × 25 cm, 286 páginas.

martes, 2 de marzo de 2010

ACERCA DEL GRAFISMO DE LA LENGUA GUARANÍ por FÉLIX GIMÉNEZ GÓMEZ (FÉLIX DE GUARANIA) / Fuente: GOOGLE GRUPOS GUARANI ÑE’Ê


ACERCA DEL GRAFISMO DE LA LENGUA GUARANÍ
Por: Félix de Guarania, 2001
Leer original (hacer clic) en:
Fuente:
GOOGLE GRUPOS GUARANI ÑE’Ê

** No conocemos la escritura de los guaraníes, ni siquiera sabemos si escribían. Aunque en la página 262 del "Arte" de Montoya (Nueva Edición Viena-París, 1876) encontramos: «Escribir: Aiquatia». Y en el "Vocabulario y Tesoro" del mismo autor, o sea en la segunda parte del libro (página 239v./232v.): «Quatia, r: Escritura, pintura, dibuxo, papel, carta, libro» (n.1). Así, pues, los primeros textos que tenemos son los que escribieron los españoles de la época de la colonización, principalmente sacerdotes, que lo hicieron basándose en la gráfica de su idioma (los del área de la colonización portuguesa lo hicieron basados en el portugués).
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** Cada uno escribía de manera distinta. Trataban de representar los sonidos guaraníes según como escuchaban y según las posibilidades del idioma que conocían. Entre Antonio Ruiz de Montoya y Nicolás Yapuguay (Sermones y Ejemplos en Lengua Guaraní, edición facsimilar de la Edición Príncipe del año 1727, Editorial Guarania, Buenos Aires, 1953) y otros, hay diferencias. Como era de esperar, no había ni podía haber sistema alguno en la gráfica de entonces. Por eso, es muy difícil de leer y entender estos textos. De ahí lamentables confusiones y palabras que corren con una fonética distinta y a veces con significado distinto a la que en realidad debería tener.
Recién en el siglo XIX aparecieron personas que se interesaron por la adopción de una gráfica que esté en consonancia con los verdaderos sonidos del idioma. En 1867, por disposición oficial se reunió en Paso Pucú una comisión formada por Luis Caminos, Carlos Riveros, Andrés Maciel y Crisóstomo Centurión para estudiar y resolver la adpción de una gráfica lógica y coherente. Esta comisión adoptó la gráfica con que se escribieron los periódicos de la época, principalmente Cabichuí (Kavichu'i) y Lambaré. Sin embargo, a juzgar por lo que podemos ver, tampoco era un sistema estrictamente elaborado, fiel a los sonidos característicos del guaraní. Refiriéndose a esa gráfica, el Dr. Moisés Santiago Bertoni, científico suizo radicado largamente en el Paraguay, en su libro Plantas Usuales y Útiles (Capítulo "De las grafías del Guaraní y de las Ortografías") dice: «Fue seguramente la menos defectuosa y la más práctica, pudiendo seguirse en las modestísimas imprentas de ese tiempo. Pero la espantosa guerra llevó todo, y los pocos sobrevivientes olvidaron aquella ortografía completamente».
A lo largo de la primera mitad del siglo XX, cada quien escribía a su propio gusto. Las grafías usadas por El Enano (semanario satírico bilingüe fundado en 1903), y las usadas por Narciso R. Colmán (Rosicrán), por Félix Fernández, Darío Gómez Serrato, Manuel Ortiz Guerrero, Emiliano R. Fernández, son diferentes y ninguno de ellos se preocupó seriamente por resolver el problema (es posible también que no tuvieran la preparación necesaria para hacerlo, lo cual no quita que hayan sido grandes poetas y escritores).
Moisés S. Bertoni por su parte, creó una gráfica para la lengua guaraní y la usó en su obra. El punto más polémico fue siempre la representación característica "y" (agua en guaraní). Desde Montoya, que la representaba con la "i" latina con una media luna invertida encima, fueron usadas sucesivamente la i griega (y) (Restivo, Yapuguay y otros), la "ih" (Bertoni), la "ic" (Rosicrán, por poco tiempo), la i latina con circunflejo (î), cuya creación algunos atribuyen a Ortiz Guerrero y otros a Emiliano R. Fernández. Este signo es reivindicado por algunos antiguos miembros de la desaparecida Asociación de Escritores Guaraníes (ADEG), aunque no son consecuentes, pues, en sus raras publicaciones usan indistintamente ese signo y la i griega en su doble función de sexta vocal y la consonante (ye).
Los primeros esfuerzos serios por dotar al guaraní de una gráfica apropiada, corresponde a la entidad denominada Cultura Guaraní, que en 1950 participa en un congreso con ese fin en Montevideo, donde se plantea por primera vez, fundamentándolo científicamente, el uso de la "j" como "ye" y la i griega (y) exclusivamente como la sexta vocal característica.
En nuestro país, como lo indica Dionisio G. Torres en su libro Sobre la Grafía del Guaraní (Asunción, 1989), «A propuesta de la Cátedra de Lengua Guaraní de la Facultad de Filosofía UNA, se adopta un sistema ortográfico fonético con dos enmiendas (con respecto a lo resuelto en el Congreso de Montevideo): El uso de la consonante palatal "J" en vez de la "Y" (ye) y la inclusión de la "G" como consonante blanda; la vocal gutural "Y" indica el sonido propio característico del Guaraní».
Actualmente en el Paraguay, se emplean prácticamente dos gráficas, aunque una de ellas día a día pierde vigencia, que es la llamada "tradicional y popular" por sus cultores, convenida en una reunión de escritores guaraníes en 1960 y adoptada oficialmente para sus publicaciones por el Ministerio de Defensa Nacional (que propició aquella reunión). La resolución respectiva fue impuesta por decisión de "la mayoría", sin que medien argumentaciones realmente serias.
La otra gráfica, denominada "moderna" o "científica" o "académica" por sus partidarios, hoy por hoy es empleada en la mayoría de las instituciones dedicadas a la enseñanza del idioma; fue adoptada oficialmente por la División de Lengua Guaraní del Ministerio de Educación y Cultura, y por las universidades Nacional y Católica. Además, existe una importante producción literaria (poesía, teatro, cuentos, traducciones) y una también bastante profusa de estudios guaraníes (gramática, cursos, etc.) que la han adaptado. Materiales de lectura producidas por asociaciones campesinas (incluso indígenas), por la Iglesia Católica y otras confesiones religiosas, revistas, boletines, periódicos como Ñomongetarã y las, aunque raras, publicaciones en guaraní de los diarios del país, emplean esta gráfica.
La discusión acerca de la gráfica guaraní ha sido (aún lo es, en cierto modo) intensa y apasionada. La principal argumentación que esgrime la primera es la "tradicionalidad" contra "el carácter extranjerizante" de la gráfica moderna. El profesor Reinaldo Decoud Larrosa decía a este respecto que no se podía hablar de «grafías que se han hecho tradicionales», porque «ninguno de los poetas, ni los citados ni los no citados, han usado en sus producciones desde que se iniciaron como escritores la misma grafía. Han variado. Además, se considera como tradicional solamente cuando una grafía se ha usado ininterrumpidamente por mucho tiempo por todos los escritores. Eso no ha ocurrido ni ocurre en el guaraní, pues, cada escritor escribe a su manera y muchos escritores de diversas maneras».
La grafía "tradicional" emplea, ya lo dijimos, la "I" latina con circunflejo para representar la sexta vocal en guaraní, y cuando ésta es nasal, saca el circunflejo y lo sustituye por la diéresis, o sea, los dos puntos sobre la letra; la "JH" para la aspirada; así como la "C" ante A, O, U y la "K" ante E, I, y la "Y" (sexta vocal), que los partidarios de esta grafía escriben con la "I" latina con circunflejo (Î). La "Y" es usada como ye consonante. Es de advertir ninguno de los escritores que adopta esta manera de escribir es consecuente. A menudo un mismo escritor escribe de diversas maneras en un mismo texto.
En general, la práctica demuestra que la gráfica "tradicional" presenta verdaderos inconvenientes gráficos y acentúa la posibilidad de cometer errores. La adopción de muchos diagramas dificulta la lectura fluida. A los ojos se hacen más difícil captar con la celeridad necesaria la imagen de la palabra.
En cuanto a la gráfica "moderna", su principal acierto consiste en su sencillez y la exactitud con que se representan los sonidos del guaraní. Desde luego, ha sido compuesta teniendo en cuenta las modernas conclusiones de la ciencia del lenguaje. y «la ortografía, como hecho lingüístico –dice el Dr. Reinaldo Decoud Larrosa– debe ser estructurada necesariamente sobre los fundamentos establecidos por la ciencia del lenguaje».

Fuente: GOOGLE GRUPOS GUARANI ÑE’Ê


FÉLIX GIMÉNEZ GÓMEZ (FÉLIX DE GUARANIA)

(Enlace a datos biográficos y obras en www.portalguarani.com )